top of page
Buscar

Washington Cucurto

Washington Cucurto (Argentina, 1973) es una de las figuras más provocadoras, vitales y singulares de la literatura latinoamericana contemporánea. Poeta, narrador y editor, su obra se sitúa deliberadamente en los márgenes del canon literario, desde donde interpela las nociones tradicionales de autoría, gusto, clase y legitimidad cultural. Cucurto escribe desde una lengua contaminada por lo popular, lo obsceno, lo festivo y lo precario, construyendo una poética que abraza el exceso, la oralidad y el desborde como formas de resistencia estética.

Antes de consolidarse como escritor, Cucurto trabajó durante años como repositor en un supermercado del conurbano bonaerense. Esa experiencia laboral y vital marcó profundamente su escritura, poblada de cuerpos racializados, trabajadores precarizados, migrantes, sexualidades disidentes y escenas de una cotidianidad brutal. Su literatura surge de la calle, del barrio y del habla popular, y hace de esa procedencia una postura política explícita frente a la tradición letrada.

En los años noventa comenzó a publicar poesía y narrativa con un estilo irreverente que pronto llamó la atención por su potencia disruptiva. Sus textos combinan humor, erotismo, violencia y ternura, desmontando cualquier idea de pureza literaria. Cucurto construye una voz exagerada, performática y deliberadamente incorrecta, que incomoda tanto al lector académico como al lector conservador, y que cuestiona los límites entre alta cultura y cultura popular.

Un momento fundamental en su trayectoria fue la fundación, en 2003, de la editorial Eloísa Cartonera, proyecto colectivo que revolucionó el campo editorial latinoamericano al producir libros artesanales con cartón reciclado y al vincular directamente literatura, economía informal y acción comunitaria. Esta experiencia consolidó a Cucurto no solo como escritor, sino como agente cultural comprometido con otras formas de circulación del libro y del saber.

La escritura de Cucurto se caracteriza por una energía desbordada y una ética del exceso. Sus textos hablan de pobreza, deseo, racismo, explotación y fiesta sin solemnidad ni victimización, desde una mirada que asume el margen como espacio de creación y potencia. En su obra, la marginalidad no es un tema, sino un modo de estar en el lenguaje.


Washington Cucurto

Un legado incómodo y necesario

Washington Cucurto ocupa un lugar central en las discusiones sobre literatura marginal, cultura popular y políticas del lenguaje en América Latina. Su obra continúa generando debate, rechazo y fascinación, precisamente porque se niega a ser domesticada. Leer a Cucurto es aceptar una literatura que no pide permiso, que incomoda y que recuerda que escribir también puede ser un acto de desobediencia.

Esta es la lista de libros publicados por el autor:

Zelarayán (1998)

La máquina de hacer paraguayitos (1999)

Veinte pungas contra un pasajero (2003)

La cartonerita (2003)

Cosa de negros (2003)

Hatuchay (2008)

Las aventuras del Sr. Maíz (2009)


Una muestra de la obra de Washinton Cucurto:


Fauna onceana


Gordos vendedores de maní con chocolate.

Gordos vendedores de medias futboleras de equipos europeos .

Gordos vendedores, ex pasteleros, de pastelitos de membrillo.

Gordos, perversos vendedores que venden a sus hijas como si fuesen ropa.

(Bombachas, medias, remeritas, topsitos. Se pajean con ellos).

Gordos, cerdos vendedores de choripanes, morcipanes, riñopanes,

adobados con la carne de sus propias mierdas.

Gordos vendedores que dan la hora.

Gordos, calculadores vendedores que te dan el día y la hora exacta de tu muerte.

Gordos, tétricos vendedores que se cargan a la muerte, por encargo.

Gordos, velocísimos vendedores que ponen en juego tu imaginación:

te venden un juego de agua con lucecitas fluorescentes, más alarma y dos pilas de regalo.

Gordos, tropicalísimos vendedores emparentados de inmediato con tus ganas de escuchar música.

Gordos, grasas y tránsfugas vendedores que te venden lo que tu vida no necesitaba hasta que llegaron ellos.

¿Por qué aparecerán? ¿Quién los llamó?

Gordos, hispanos vendedores de toda la hispanidad mundante: antologías de García Lorca, novelones de J. Amado, Guías de calles de la Ciudad, Biblias, mapas, posters.

Gordos, simpaticones vendedores dispuestos a venderte la mar en coche enmoñada, el moro y el oro, un fangote de moscas y hasta un amor.

Gordos, necesarios vendedores que alimentan tu imaginación y comienzas a necesitar.

Gordos, peligrosos vendedores que te apuntan a la cabeza con un arma.

Gordos vendedores que te anuncian el jeans más barato por altoparlante.

Gordos, arequipeños vendedores de pilas, linternas, lotos, cotos, alegres o tristes, como usted quiera. “Lo que usted quiera”.

Gordos, subsidiarios vendedores que hunden y salvan al mundo a cada grito.



Como si nos cagaran a piñas

 

Noche absoluta del ojo en la Gran Ciudad.

Ni la luz de una lamparita alumna nuestras vidas.

Tiritamos de miedo en la noche, nos tapamos con una vieja

                                               frazada hasta la cabeza

                                               y llamamos a gritos pelados de pavor

                                               al sueño para que venga y nos lleve.

Lo mejor es dormirse, ¡qué venga el sueño!

Cada tanto nos despertamos con la cabeza rota a patadas

o botellazos, las frazadas manchadas de sangre,

y el cuerpo mallugado a golpes.

Es el alquiler que la noche nos cobra por su hospedaje.

Daríamos todo por no escuchar más los golpes de cabeza

contra los adoquines, las piñas feroces contra las vidrieras.

Manchas de sangre en el lugar donde en la vidriera

hay una rosa pintada de rojo.

Al amanecer, sangre seca en todos lados, y eso preferimos

a despertarnos a mitad de la noche.

Somos los durmientes que pisan los Dueños de la Noche

                                               con los bolsillos llenos,

                                               aquellos que cada noche nos cagan.

a patadas, a piñas sin enterarse y sin que nos enteremos.

Sangre cerebral de sesos, ojos arrancados, dedos cortados,

pelos con piel arrancados con furia salvaje.

Ay, Dios, ay Virgen del Bernal, gracias por haber inventado

el dichoso sueño.Única escapatoria a nuestra deslumbrada realidad.

¡Lo mejor es morirse!

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


Este proyecto fue realizado con el apoyo del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, a través del PECDA Aguascalientes, emisión 2025.

PECDA
bottom of page